Bueno… hoy es domingo estoy al pedo asi que voy a actualizar la pagina. Lo que sigue es un cuento que escribi hace un rato largo ya, es un poco personal y es de lo poco que tengo que se puede ajustar a un blog asi que ahi les va. Espero que les guste y comenten si leen.
“Cuando por alguna razón terminaba deambulando en la zona céntrica, al volver por Rivadavia, siempre, y digo siempre, era la misma imagen:
Un gran edificio, rodeado por otros dos aun más imponentes. Con un hall oscuro donde podría suponerse cualquier cosa detrás, y delante de este una gran escalera de mármol…
Y aunque sabia que nadie nunca lo notaba, sentado en esa escalera, siempre había un hombre, o había una mujer, siempre diferentes, siempre con la mirada perdida, hechos capullo, escondiéndose… como sintiendo su vergüenza parte del paisaje urbano… sentados sin la esperanza de algo que los saque de ahí.
Esos sujetos despertaban mi curiosidad cada día, pero se perdían en esa nube de cosas mas tangibles a veces antes de siquiera cruzar Luro.
Creo, inconscientemente, fui alejándome de esa escalera… de ese hall. Y vaya a saber uno de cuantas cosas mas me alejé en tan poco tiempo.
Y es que uno le carga el peso a su propia mochila, y de tanto querer llevar todo conmigo… mis días terminaron siendo dominados por un bendito reloj.
Tic tac para volver al mundo. Tic tac para comer. Tic tac para el placer. Tic tac para mirar el celular aunque estos ya no vengan con ese ruidito tan básico, tic tac… tic tac… esa era la idea… sentir el Tic tac al unísono con los latidos del corazón.
Quizás era la falta de sueño, o quizás simplemente era lo que soñaba. Lo único que se es que cada día me resultaba más complicado dormir.
Un día, no recuerdo, pero seguro llovía… Un día llego el gris. Llego la melancolía de lo que nunca va a pasar. Días largos… años cortos, las lágrimas impertinentes, las peores, esas que son sin sentido.
Una voz dentro de mí gritaba “Basta”… y yo, impertinente como siempre… seguía… cansado.
Hasta que un día, un amigo de un amigo me recomendó una psicoanalista de apodo Lala, y aunque nunca pensé que alguien a quien llamen así pudiera ser de ayuda, anoté la dirección.
Fui ese mediodía y leí un cartel sobre el timbre. “3B Salí a comer. Vuelvo en 15”.
Esperé, estaba agotado así que me senté al pie de la escalera, pero mi cabeza todavía corría su curso infernal… y caí, una vez mas caí…
Quería convencerla de que ya un día no podía ser tan parecido al anterior, que memorias manchadas son eso… memorias.
Desesperé.
Lamentaba haber muerto sin nunca haber sido yo, peor, sin siquiera haber muerto aun.
Y mientras tanto te pedía perdón, amor… perdón por seguir buscando, buscando porque vos ya estabas ahí, donde te encuentro.
Y si el único camino era la única opción, al menos pedía una última voluntad… una ultima voluntad… que el corazón se pierda, como la mirada… jugar a la mancha en el patio…solo una vez más…
Todo lo contrario, volví. Me atrajo el mármol.
¡¿Como pude ser tan entupido?!
Siempre observé desde la vereda de enfrente y no me percaté, siempre me pierdo los detalles. Sucedía que estaba sentado ahí… al pie de ese edificio.
Y un auto cruzo mi vista, y un hombre desde adentro me miraba… yo sabía exactamente lo que pensaba.
Y sentí la vergüenza de estar estático, de complicar lo primitivo y simple, como bola de nieve arrastrando momentos. Te busqué… ahora si te busqué amor… Sabia que dormías. Solo pensé en despertarme entre tus sueños, y armar capaz, sin querer, los míos…
Intenté frenar el auto. Quise explicarle lo que pasaba. Quise sacarle de su mirada esa indiferencia que yo sentía cada vez que cruzaba por este edificio. Intente cruzar el abismo, saltar su mente y ver sus otros ojos… quise que entienda…
No pude, aceleró y se fue.
No me preocupó, sabia que tarde o temprano iba a terminar sentada acá.
Me vi parado en medio de la calle, exhausto. Sentí las bocinas de los autos a los que yo no les importaba, ellos querían seguir con lo suyo. Y por primera vez en mi vida… reí de mi mismo.
Tenia hambre, fui al café de la esquina que hacen buenos tostados.
Esta chica Lala realmente hace un buen trabajo.”


