Lala

•octubre 5, 2008 • 4 comentarios

Bueno… hoy es domingo estoy al pedo asi que voy a actualizar la pagina. Lo que sigue es un cuento que escribi hace un rato largo ya, es un poco personal y es de lo poco que tengo que se puede ajustar a un blog asi que ahi les va. Espero que les guste y comenten si leen.

 

“Cuando por alguna razón terminaba deambulando en la zona céntrica, al volver por Rivadavia, siempre, y digo siempre, era la misma imagen:
Un gran edificio, rodeado por otros dos aun más imponentes. Con un hall oscuro donde podría suponerse cualquier cosa detrás, y delante de este una gran escalera de mármol…
Y aunque sabia que nadie nunca lo notaba, sentado en esa escalera, siempre había un hombre, o había una mujer, siempre diferentes, siempre con la mirada perdida, hechos capullo, escondiéndose… como sintiendo su vergüenza parte del paisaje urbano… sentados sin la esperanza de algo que los saque de ahí.
Esos sujetos despertaban mi curiosidad cada día, pero se perdían en esa nube de cosas mas tangibles a veces antes de siquiera cruzar Luro.
Creo, inconscientemente, fui alejándome de esa escalera… de ese hall. Y vaya a saber uno de cuantas cosas mas me alejé en tan poco tiempo.
Y es que uno le carga el peso a su propia mochila, y de tanto querer llevar todo conmigo… mis días terminaron siendo dominados por un bendito reloj.
Tic tac para volver al mundo. Tic tac para comer. Tic tac para el placer. Tic tac para mirar el celular aunque estos ya no vengan con ese ruidito tan básico, tic tac… tic tac… esa era la idea… sentir el Tic tac al unísono con los latidos del corazón.
Quizás era la falta de sueño, o quizás simplemente era lo que soñaba. Lo único que se es que cada día me resultaba más complicado dormir.
Un día, no recuerdo, pero seguro llovía… Un día llego el gris. Llego la melancolía de lo que nunca va a pasar. Días largos… años cortos, las lágrimas impertinentes, las peores, esas que son sin sentido.
Una voz dentro de mí gritaba “Basta”… y yo, impertinente como siempre… seguía… cansado.
Hasta que un día, un amigo de un amigo me recomendó una psicoanalista de apodo Lala, y aunque nunca pensé que alguien a quien llamen así pudiera ser de ayuda, anoté la dirección.
Fui ese mediodía y leí un cartel sobre el timbre. “3B Salí a comer. Vuelvo en 15”.
Esperé, estaba agotado así que me senté al pie de la escalera, pero mi cabeza todavía corría su curso infernal… y caí, una vez mas caí…
Quería convencerla de que ya un día no podía ser tan parecido al anterior, que memorias manchadas son eso… memorias.
Desesperé.
Lamentaba haber muerto sin nunca haber sido yo, peor, sin siquiera haber muerto aun.
Y mientras tanto te pedía perdón, amor… perdón por seguir buscando, buscando porque vos ya estabas ahí, donde te encuentro.
Y si el único camino era la única opción, al menos pedía una última voluntad… una ultima voluntad… que el corazón se pierda, como la mirada… jugar a la mancha en el patio…solo una vez más…
Todo lo contrario, volví. Me atrajo el mármol.
¡¿Como pude ser tan entupido?!
Siempre observé desde la vereda de enfrente y no me percaté, siempre me pierdo los detalles. Sucedía que estaba sentado ahí… al pie de ese edificio.
Y un auto cruzo mi vista, y un hombre desde adentro me miraba… yo sabía exactamente lo que pensaba.
Y sentí la vergüenza de estar estático, de complicar lo primitivo y simple, como bola de nieve arrastrando momentos. Te busqué… ahora si te busqué amor… Sabia que dormías. Solo pensé en despertarme entre tus sueños, y armar capaz, sin querer, los míos…
Intenté frenar el auto. Quise explicarle lo que pasaba. Quise sacarle de su mirada esa indiferencia que yo sentía cada vez que cruzaba por este edificio. Intente cruzar el abismo, saltar su mente y ver sus otros ojos… quise que entienda…
No pude, aceleró y se fue.
No me preocupó, sabia que tarde o temprano iba a terminar sentada acá.
Me vi parado en medio de la calle, exhausto. Sentí las bocinas de los autos a los que yo no les importaba, ellos querían seguir con lo suyo. Y por primera vez en mi vida… reí de mi mismo.
Tenia hambre, fui al café de la esquina que hacen buenos tostados.
Esta chica Lala realmente hace un buen trabajo.”

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Levanté la mano derecha

•junio 26, 2008 • 13 comentarios

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Bueno gente… ante mi falta de ganas de volver a la escritura, les dejo aca una historia que escribio mi amigo Alejo que a pesar de su tamaño realmente vale la pena leer. Y comenten a ver si en una de esas regresamos. Un abrazo

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“12hs. Levanté la mano derecha, y subí al 555…estaba casi lleno, estaba cansado, me quería sentar. Miro al fondo y quedaban tres asientos, me senté del lado de la ventana, al lado del timbre, total si me dormía estiraba la mano hasta él.

En un par de paradas sube una rubia platinada, con anteojos enormes, campera blanca y calzas negras, hermosa, como recién salida del Spá de Jessica Cirio, de unos 30 años.

La miro, me mira…va, creo que me miro no se, es el problema de los lentes polarizados. Sonrió, tampoco sé si ya estaba sonriendo o lo hizo por mí, pero se sentó al lado mío. Yo seguí mirando por la ventana. Ella miraba mi ventana, sentía que me miraba a mí. Yo no iba a decirle nada, seguí en mi mundo…

En alguna otra parada sube un hombre, unos años mayor que yo, y por lo tanto más cerca de tener la edad de esta mujer. Pelo corto y lentes, la miró…ella también lo hizo. Se sentó al lado de ella. Me ofendí mucho, como podía hacer algo así enfrente mío…

Sentí que empezaba la competencia. Ella se puso a mirar por la otra ventana, la de la izquierda, estaba seguro que no lo estaba mirando a él, no era su tipo.

El hombre le sonreía como si creyera tener un mundo para ella. Me comencé a preocupar, la estaba perdiendo, movía mi pierna izquierda solo para empujar la de ella y que mire a mi costado, y lo hacía. El hombre hizo sonar su celular y comenzó a hablar de negocios, decía frases inconexas, pero captaba su atención. Yo movía la cabeza rápidamente para mi ventana, como si algo pasara afuera e incomodarla. Me masajeaba el muslo izquierdo como si recién saliera de jugar un partido, un joven deportista como yo debía ganarle a este jeronte cuya segunda década llegaba al ocaso.

Subió un hombre con sida, obviamente tanto él como yo compramos las estampitas solidarizándonos con el pobre tipo a ver si a ella le gustaba. Pensé un plan. Escribí en la estampa mi nombre y mi número y a la cuenta de tres le iba a tirar la estampa entre sus pies. Cuando ella me la daba le decía que se la regalaba. Me sentí orgulloso de mi plan y por un momento me enamore de mí, de mi genialidad.

Uno, dos, tres, cerré los ojos y la tire. Cuando los abrí vi algo extraño. Las estampas de La virgen de Lujan no era una sino dos. La mujer me la devolvió desconcertada. Cuando la mire me indigne: “Lucas 155678802, llamame princesa”.

Mujeres hermosas se empezaban a subir, y nos seducían, pero teníamos ojos solo para ella.

La situación se puso cada vez más intensa.  Comencé a cantar un tema de Luis Miguel casi a los gritos, no recordaba como seguía el tema, Lucas lo siguió con oficio, y se hizo el jopo de Luis, le salía igual. Esto ya no me gustaba nada, este inadaptado quería sacarme mi mujer, viniendo de la nada…

Realmente no se me ocurría nada, tenia tanto para darle y no sabía cómo, tenía que darme a conocer de alguna manera, ya tenía menos de 15 minutos, mi parada se acercaba, y si ella bajaba antes? Yo sabía que Lucas se iba a quedar todo el tiempo que fuera necesario, pensaba igual que yo,  era la mujer perfecta.

Se le acerco un amigo al hombre, y empezaron a hablar, el subió la voz a propósito. Decía ser ingeniero. Me puse melancólico, yo era apenas un vago estudiante, el era mejor, solo tenía que intentar que ella no se diera cuenta…

Todo sigue igual, un vago me advirtió, siempre tiene prioridad la que te diga que no. Me dijo también algo así como “esta nuez para vos”, no le entendí. Ya todos opinaban. El colectivero andaba más lento que de costumbre, solo para ver como terminaba esta novela del mediodía.

Le hable a ella, del frío que hacía, que estúpido! Estaba perdiendo originalidad, necesitaba imaginación, que superficial que fui, cuantos hombres le habrán dicho lo mismo??? Si hace más de dos semanas que sale abrigada…

El hombre seguía hablando con el amigo, le pregunto si tenía su número, le respondió que sí pero igual dijo su número al menos tres veces, los pasajeros ya le pedían por favor que callara…

La mujer ya se sentía muy incómoda, pero algo le gustaba, ya había asientos libres más adelante, se hubiera cambiado…

Le sonreí nuevamente, como si conociera el secreto del universo y se lo estuviera por decir, ella estaba expectante mirándome con los ojos almidonados, mientras el hombre le empujaba el hombro y la pateaba con la pierna derecha. Era el momento ideal, me mordía los labios, la miraba con sexualidad. Le toque la pierna, se enojo, y dijo que esa era su parada…

Espera, no te enojes, esta vez lo vi venir, como siempre la reacción es tan lenta como mi voz…se estaba parando, amague a pararme para ver si él se iba a parar o no. El hizo lo mismo pero finalmente se quedo sentado, como yo., me quedo aquí. Tocó el timbre, se abrieron las puertas, y se fue…todos los pasajeros lloraban y aplaudían, la única novela matinal que terminaba mal…un odio se despertó en mi por este insulso pasajero que me saco mi prometida y la echo a perder, Lucas era un idiota…

Se fue, Igual no me importaba. Dicen que la vieron con ese de la 25 de Mayo que supo andar despacio…daba igual. Nunca más la vi, Espero Que El Tampoco…”

Señas

•diciembre 21, 2007 • 11 comentarios

 

 

 

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“Estaba frente a ella, en la misma mesa. No estábamos solos pero nos daba igual… las señales eran inequívocas.

Bajaba su mirada al tiempo que dejaba que sus párpados la cubríesen, cerrando los ojos con indescriptible pasión…

Se mordía el labio inferior mientras su barbilla temblaba.

Entreabría sensualmente la boca para enseñarme la punta humeda de sus labios…

Torcía su boca hacia un lado, como indicándome que me levantara y me fuese a ella.

Me guiñaba, levantaba ambas cejas esperando alguna respuesta por mi parte…así que empecé a relamerme los labios; de mi boca se escapaban besos excitados y posé mi mano sobre sus piernas bajo la mesa…

Me echaron. Como excusa los muy envidiosos decían que jugaban al truco….si sí, truco… a mi me van a engañar…”

Palabras

•noviembre 17, 2007 • 5 comentarios

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Hecho con un amigo y hablando del tema… espero que les guste y comenten.

Palabras dulces
restos en la memoria
cambian con el tiempo
otras,
se van.

Palabras fuertes
Odio, venganza, muerte
hacen que tiemblen
tus oídos,
los míos.

Palabras hechizo
susurradas,
contrapunto del lamento.

Palabras fuertes:
amor, esperanza, libertad…
palabras anhelo,
palabras utopía.

Palabras… Espejos de las ánimas
que sujetan bolígrafos,
presionan teclas,
esparcen con letras
sus adentros,
sus miedos y alegrías,
sus nadas, sus todos,
sus letanías.
Palabras desgarradas
de olores amargos
de fríos encuentros

Palabras divinas
de esperanzas muertas
de vidas perdidas

Palabras que un día
hartas de soledad,
Abran tus ojos y digan
Lo que nunca voy a gritar

Un rincon del cielo

•octubre 8, 2007 • 18 comentarios

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Primera y ultima vez que escribo algo así…

“Una lágrima se escapó de su rostro esa tarde. Ya era el cuarto día que impetuosamente se resistía a dejarla ir, sus hermosos ojos color café querían impedir sobresalir con lágrimas entre ese bello rostro.
Sentada, sola, solo se permitía pensar en esos sueños fragmentados, ahora casi invisibles como polvo que la vida y las circunstancias habían terminado de esconder bajo la alfombra… La vida a veces es demasiado para las almas puras.
Tan bella, perfecta, llena de eso que no se puede describir a menos que tu dominio de las palabras roce con el absoluto… ahora nada de eso notaba en su propio ser, ahora se sentía vacía de llorar, tonta de tanto querer, vulnerable de haberse entregado y completamente diferente a como siempre había sido.
Y es que nunca somos… sino que estamos, y ese día, ella ya no estaba allí. Allí solo quedaba una imagen tan fría que cualquiera hubiera dado la vida por entregarle un instante de calor pero a la vez tan abrumadora que ni el más valiente podría haberse adentrando a descubrir.
Cayó, tomó aire, se paró y comenzó a caminar sin querer ver nada más.

El miraba las nubes, como solía hacer todos los días despejados y serpenteaba entre la gente con una velocidad que variaba solo dependiendo de la pronta obligación que en ese segundo cruzaba por su mente. Era un hombre de gran capacidad de concentración, y se sorprendió enormemente al notar que ese día su cuerpo y su alma tomaron rumbos distintos. Ese día pudo verse desde arriba y reconocerse una hormiga más en ese trazo infernal.La desesperación tomo lugar. Y es que debía vivir… pero también debía llegar a tiempo al trabajo. Esas baldosas tenían escrito su nombre… y ese traje ya estaba gastado. Quiso gritar pero los decibeles del mundo moderno lo opacaron por completo. Solo quería buscar una excusa para ser feliz pero no podía parar de serpentear entre la gente, ahora con una velocidad que variaba solo dependiendo de todas las cosas que sentía haber dejado ir.
Como rayos caían las excusas para dar un paso mas, pero el mundo de ahora en mas, ya seria demasiado pesado para el. El ya no quería esperar el mañana… no así.

Clara decidió doblar y tomar por Rivadavia, Martín ya venia por ahí.

Y el la vio.
Una dulce criatura vestida de blanco, vista de perfil desde su perspectiva, un perfil de hada de cuento, que dejaba vislumbrar, si mirabas con detenimiento, gotas saladas derramándose sigilosamente sobre un pómulo de ensueño.

Y ella lo vio.
Vestido de negro y con la mirada perdida, respirando agitado por andar sin rumbo. Y en esa vista de perfil desde su perspectiva, escondida entre ropa de etiqueta, alcanzo a vislumbrar su alma que le se escurría entre los dedos con cada paso que daba.

Se cruzaron… sus hombros rozaron al intentarse esquivar… pero siguieron su camino.
Y es que Martín sabía que el mundo galopaba demasiado rápido para esperar a dos rezagados, y Clara sabia que sus ojos café pedían que escape de las heridas.
Y ese día todo hubiera seguido su habitual ritmo, pero a veces no nos vemos al despertar, y no vemos lo que logramos despertar. Y ese día dos extraños decidieron parar el mundo y se detuvieron en esa esquina que ya era un rincon del cielo… para sonreír.

Clara dió media vuelta… Martín también.”

Perfecto

•septiembre 16, 2007 • 12 comentarios

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“Cambio de canal.
Solo otro de los partidos que había olvidado agendar. Central ya le estaba ganando 2 a 0 a Colón y faltaban treinta minutos para el final. De todas formas no importaba… es una fija… los equipos chicos siempre quedan en el camino.
Y es que nunca creí en las instituciones deportivas en verdad… en realidad… nunca creí en las instituciones. Sucede que creo que el nombre no puede controlar el poder, y el egoísmo siempre termina por ganar, eso es lo que nos hace dar vueltas como un trompo en el camino de la evolución.
Una voz me interrumpió.
.- Diego, anda a cambiarle los pañales al nene que me parece que se hizo caca.
.- Cámbiaselos vos, no ves que estoy mirando tele.
.- ¡Estoy haciéndote la comida no me ves! No tengo diez brazos.
Era mi suegra, ya casi instalada en su nuevo hogar desde que su marido murió y ahora que mi mujer esta de vacaciones con las amigas, se encarga de cumplir el rol de ser todas las cosas que odio de mi esposa.
Nunca creí en la institución del matrimonio para ser sincero… pensar en unir dos almas mediante la aprobación de un ser desconocido que responde al mandato de otro ser desconocido y a la vez supremo y elevado por personas las cuales también desconozco y que murieron mucho antes de que se pueda documentar hechos con cierta credibilidad, me es un poco incomodo de tolerar.
Un olor sospechoso y la posterior apertura del pañal confirman las sospechas.
No me molesta… se que cuando ella vuelva se va a encargar mejor que yo de estas cosas, y quizás algún día… podamos volver a los años que alguna vez soñamos juntos. Y quizás un viaje… me encantan los viajes… pero no los aviones, es que no me gusta la tecnología y no creo en la ciencia.
Es que en la ciencia todo resulta indiscutible… todo es un gran círculo que siempre cierra perfecto.
De moléculas y planetas, lo circular es símbolo de la perfección, y lo perfecto no existe… ¿Entonces por que yo habría de creer?
Y así, pensando en las cosas que para mi no son, me di cuenta de los tiempos que perdí… el tiempo que dormí.
Pero el tiempo como siempre fue benévolo… y pasó.
Y la vida me encontró cambiando un pañal de estos, y es que todas estas cosas se descubren solo cuando uno esta enfrenta de un pañal de estos.
Solo espero que cuando este niño crezca, pueda abrir los ojos… pero abrirlos enserio, y poder estar a mi lado en esta lucha sin cuartel pero por ahora sin adeptos.
El ring del teléfono interrumpe el plan, presto atención pero no alcanzo a oír lo que mi suegra responde… los gritos del bebe lo hacen imposible.
La veo acercarse, blanca como una servilleta y con la mirada perdida.
.- No va a volver.
.- ¿Quien?
.- Clara.
.- ¿Por que?
.- Se estrelló… Su avión se estrelló al aterrizar.
Lo sabia… yo siempre lo supe… ella nunca dejó de ser parte de este sucio complot.”

Despertares

•agosto 25, 2007 • 22 comentarios

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 Esta vez van dos cuentitos… porque son cortos y porque tienen algo similiar. Espero que les gusten y comenten...


 

El soñador.

Aquella mañana despertó del sueño en que era apuñalado por su esposa, para inmediatamente descubrir al hombre, que dirigiéndose hacia él, descargaba el revólver en su pecho. No se sorprendió. Como no lo sorprendía ninguno de los sueños en que constantemente era matado por algo o por alguien. Fue en esa misma mañana; dirigiéndose al trabajo, cuando cruzaba la avenida Libertad que vio, sin duda que lo vio, aquel Mercedes Benz morado que se dirigía hacia él. Por un breve momento lo atormentó la duda. Pero ésta se disipó con la conciencia de que esto no era más que otro de sus sueños y siguió caminando. Pero esta vez todo fue distinto…

Capullo.

Cansado de los sueños se acostó a dormir.
Y esa noche que paso como las que parecen menos, el fue una mariposa. Y entre la sombra de juncos y matorrales que anulaban su vista, se abrió paso entre los vientos que ese día que era noche lo hicieron despegar. Navegaba entre las hojas y sabiendo que el final estaba cerca… disfrutaba todo en el camino.
Siempre teniendo de su lado a la razón, y sin ver su cuerpo, sabia quien era en ese vuelo.
De repente, sintió que perdía su fuerza y que sus alas lo abandonaban. Al caer, y luego verse en el espejo, alcanzo a reflejarse extrañamente como un humano.
Y soñó con el despertador de la mañana, con los horarios de oficina, soñó con dietas bajas en carbohidratos y pastillas cada seis horas. Soñó con un hijo regalándole su viejo televisor y un padre abandonado en un geriátrico.
Soñó con un hombre. Uno con tiempo en su haber y en su horizonte… pero uno con años, y al parecer, con años sin sentido.
Se lamentó pero a la vez entendió… y volviendo a su capullo se dio cuenta… que para salir a esos dos días de vida… todavía tenia mucho que aprender.